En la década de los 80, más precisamente en el verano de 1987, tuve la oportunidad de recorrer parte del sur de Chile. Junto a dos grandes amigos viajamos a Puerto Montt para tomar un transbordador rumbo a Chaitén. Pueblo pequeño pero con gente extremedamente cariñosa.

Anécdotas del viaje hubo muchas. Como por ejemplo la parada a comer en San Fernando, la llegada a Puerto Montt y no tener donde alojar, el pequeño que conocimos en Pargua y nos enseñó a pescar a orillas del mar, la señora que viajaba en su mercedes en el Transbordador y se mareo por no bajarse del auto, el paso por el Corcovado, el dueño de un almacén en Chaitén que nos recibió en su casa y después nos llevó hasta Cohayque, el albergue en esta ciudad, la pareja de jóvenes de La Pintana que viajó un par de días con nosotros, el refugio de arrieros que utilizamos para dormir, el dueño de fundo que nos llevó en su jeep y después compartimos unos largos vasos de vino, los carabineros que nos atendieron en Puerto Aysen, el grupo de mochileros con que compartimos atrás de un camión que iba arriba del Colono, después de una semana comiendo fideos nos invitan a comer… fideos, en fin, suma y sigue de recuerdos inolvidables y que la mayoría tiene cono hilo conductor el cariño de la gente en el sur. Esa misma que hoy sufre por la erupción del volcán Chaitén.

Que ganas de partir ahora hasta esa zona y tratar de ayudar. Veo las imágenes en televisión y no puedo dejar de pensar en ese verano del 87. El sur de Chile es sin duda uno de los lugares más precioso de esta tierra y debiera ser una obligación de conocer. Que ganas de dejar todo y partir a ese lugar hermoso y estar junto a esos colonizadores del sur de Chile. Que ganas de ser uno de ellos…

Algún día volveré a ese querido Chaitén.


¿Ese afán de hacer las cosas más complicadas de lo que lo son?… Porqué -a veces- la vida será tan complicada. Qué mejor que simplificar las cosas y hacer de esta vida algo más placentero y con menos problemas. Si no es una cosa, es otra. Pero siempre hay algo. ¿Será parte de la fascinación de la vida, el vivir estas experiencias nuevas? La verdad, que por ahora sólo quiero llegar a casa y buscar asilo en el seno familiar, ahí donde el calor humano se siente y el cariño no se esconde. Me gustaría que la vida fuese más fácil… Se pasa tan rápido, que a veces es mejor cerrar los ojos y seguir adelante, pase lo que pase…

Esta es la portada que publicó La Nación el miércoles 16 de abril de 2008, día en que el Senado votaba la acusación constitucional contra la ministra de Educación Yasna Provoste.

Esta es la reacción de los periodistas:

El área periodística del Diario La Nación a la opinión pública:

 

Los periodistas del Diario La Nación expresamos nuestro desacuerdo con la forma en que la línea editorial del diario ha expresado su postura en la portada de la edición del miércoles 16 de abril.

 

Los profesionales que diariamente desempeñamos nuestro oficio, en directa relación con las fuentes de información, creemos que la legítima intención de defender las instituciones democráticas, en esta ocasión,  ha lesionado la credibilidad de nuestro trabajo.

Esto ha dado paso a afirmaciones como las del diputado RN Nicolás Monckeberg, quien hoy dijo que “el Gobierno ha transformado este diario en un panfleto de sus posiciones políticas”. (La Segunda, 16 de abril 2008)Rechazamos cualquier menoscabo público de nuestro trabajo y expresamos nuestro compromiso con la función social del periodismo, razón por la cual nos empeñamos en respetar a las fuentes consultadas y a las instituciones de las que emanan informaciones significativas para la sociedad y nuestros lectores.

 

Hacemos hincapié, por último, que desde el retorno a la democracia, el Diario La Nación ha contado y cuenta con destacados profesionales que han sido importantes en la historia de la democratización de las instituciones y el respeto a los derechos humanos.

La foto captada por Adrees Latif, de la agencia Reuters, ganó el premio Pulitzer 2008 por ser considerada la mejor foto de noticias. En ella aparece un fotógrafo japonés usando su cámara por última vez, antes de morir en medio de un tiroteo en Rangún el pasado 27 de septiembre durante la rebelión de los monjes de Birmania. El fotógrafo japonés, Kenji Nagai de la agencia APF, fue herido de muerte por los disparos de policía y militares contra los rebeldes.

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Conmociona leer una noticia como la del niño Emmanuel (nacido bajo secuestro de la FARC) o la de Clemente (falleció al caer en una piscina). También provoca sensaciones encontradas lo ocurrido a uno de los creadores de Bazuca.com, el empresario Nicolás Boetsch, de sólo 37 años, quien murió en el lago Panguipulli después de que una lancha para por sobre él. Tres noticias que ocurren una tras otra. Seguidas. y que llaman a pensar o analizar lo sensible que es la vida y por qué ocurren estos hechos. Lo de Emmanuel es simplemente un milagro, que tras nacer en medio de la selva colombiana haya logrado sobrevivir y ahora esté junto a su madre. Lo de Clemente no reviste mayor comentario. Fue una noticia que conmocionó a gran parte del país, sobre todo por la reacción de su padre. Y ahora lo de Nicolás. Este empresario, según las informaciones de prensa, sabiendo que estaba a segundos de morir se despide de su familia y le encarga el cuidado de sus hijos a uno de sus hermanos. Simplemente mágico. ¿Cómo será sentir la muerte cerca? ¿Cómo es posible que alguien tenga la tranquilidad, en un momento como ese, para despedirse de sus familiares?. Estas tres tragedias mágicas llaman a la reflexión. Llaman a cuidar de la vida. Llaman a entender el concepto de vida y que en cualquier momento no estaremos. Llama a querer lo que hacemos y cuidar lo que tenemos.

Entre tanto trabajo no había previsto que este viernes salgo de vacaciones. El cansancio es alto, por lo que no he pensado mucho en mi descanso ni qué haré durante esos escasos 15 días. Lo único claro es que trataré de pasar las horas pegado a mis hijos… que placer más grandes son las vacaciones, sobre todo cuando uno sabe que las mereces.

Yo creo que las tengo más que ganadas.

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No debe existir dolor más grande que la pérdida de un hijo. No debe existir proceso más difícil de salir adelante que después de una tragedia de esta magnitud. Las palabras dedicadas por Cristián Warnken a su hijo Clemente de tres años, fallecido en la pisicina de la casa, no pueden no conmover a una persona, sobre todo a quienes somos padres.

Sólo escribo para mantener presente esta columna de Warnken y lo hermoso que son los detalles de la vida, y que muchas veces uno los pasa por alto.